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Treinta y uno:
¿Qué demonios significa romance?
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Miércoles 26 de Agosto de 2009
Consuelo Aldunate
No hay nada más frustrante que tratar de ser romántica. En épocas donde tener dos citas con la misma persona en una semana da para testimoniar una relación estable, me encontré frente a la gran disyuntiva de definir qué demonios es un gran gesto romántico.
Siempre he pensado que cuando los hombres corren tras una mujer y demuestran su devoción, es el epítome de la novela rosa. Mientras, cuando una se pone demostrativa, es una solterona desesperada. He ahí el gran dilema: ser o no ser romántica.
Después de haber sido reemplazada como panorama por el hijo -y habérmelo tomado lo mejor posible- estuve conversando con la Camila y Fede sobre cómo agasajar al Bueno.
Y mientras mi amiga estaba más que de acuerdo con que lo invitara a un fin de semana de pasión y locura al Ritz, cambiando la fecha del paquete ya reservado, Fede insistió en que no lo engañe diciéndole que cocino para luego comprar la comida en alguna parte. Revisando los gustos culinarios del sujeto, recordé que le gustan harto las pantrucas, y me acordé de una crítica del Adra del Ritz donde aplaudían ese plato en el menú. Maravilloso, concluí yo: plato de comida casera más una estadía en una buena suite, igual: hombre contento.
Manos a la obra, entonces. Volví a reservar cena en el Adra y una noche romántica en el Ritz. Nada como ver al mayordomo de baños trabajando y después, entregarse a los masajes.
Partí de compras, y una vez que tuve todo bajo control, lo llamé con el mejor tono de voz para pedirle que estuviera disponible. Pero me encontré con una pared: el Bueno tiene a su hijo en casa, porque la madre sigue fuera. Decidí no frustrarme y enfilar al departamento. Si no puedes contra ellos, úneteles.
Cambiando los gustos gourmet por los más infantiles, pasé a comprar dos pizzas familiares, bebida con colorante y helado. Media hora más tarde, estábamos los tres instalados en la cama del Bueno: padre, hijo y la aparecida. Y estuve de acuerdo con Fede: ser romántico es pensar más en el otro que en una misma. Ver al Bueno feliz, haciendo lo que él quiere, debería ser suficiente.
Ahora, falta que aprenda a compartirlo.
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